lunes, 25 de abril de 2011

Política, estrategia y formación histórica

Veía el otro día en Encuentro un reportaje a Borges. "Qué mal anda la literatura si soy, como me dice, el mejor escritor" le dice al periodista entre otras muestras de lo que aparenta ser simple humildad. Dolina dice por ejemplo: "uno que aspira a la inteligencia..." Uno nunca se asume o, en todo caso, lo hace con prudencia. 

Al decir Dolina "uno que aspira a la inteligencia" en vez de: "uno que es inteligente" se resguarda evidentemente de cualquier aprieto, de cualquier evidente traspié intelectual. Podría uno hablar de humildad o mejor de una falsa humildad pero no hay nada de aquello en esto. Aquello que aparece como humildad se trata simplemente de un resguardo. Borges no se asume como el mejor escritor de ese año en la entrevista, es inteligente. 

Si para gustos los colores ¿acaso era el mejor escritor?. Dolina no se asume inteligente sino que aspira a la inteligencia. Quiero decir que evidentemente uno siempre está en proceso, afirmarse en algo es totalizarse en la conclusión, convertirse en boludo, en pedante! El boludo no sabe que es boludo y esta es la condición sine qua non del boludo. ¿Y si la condición necesaria es esta cómo sabemos entonces nosotros qué no lo somos? No lo sabemos y por lo tanto no podemos asumirnos por sobre nadie o por sobre nada.

Perón decía: "nosotros seremos malos pero los otros son peores", yo suelo usarle la frase en las batallas con la derecha, -ok-, digo, -nosotros somos malos pero ustedes son peores-. Lo cual es verdadero. Inteligente el General: asumirse como "bueno" es hacer agua por todos lados, ahora asumirse apenas mejor que los otros les cierra a estos toda posibilidad, el diálogo concluyó: jaque mate. ¿Acaso alguien, y mucho más en política, puede ser del todo bueno? Si cómo decía Sartre "hacer política es hundir los brazos en el estiércol" puede uno asumirse como bueno? El Che quizá haya sido el único pero nuestra época es la del estiércol, del "nosotros somos malos pero ustedes son peores". 

La política es estrategia y esta se da sobre un tablero tal como en el ajedrez. Si Me*em sirve para que se "quede dormido" y no vaya al senado y esto nos permite una ley que beneficia a millones ¿es válido transarlo? Al fin y al cabo como le contesté a Pato Bullrich: "nosotros nos quedamos con el cadáver viviente ustedes con sus políticas". Aggiornamiento claro de la frase de Perón. Pues bien para la política hay que ser un buen ajedrecista, un ajedrecista que no sufre arcadas por tener que mover piezas cuya sustancia es la mierda misma más repugnante. No es claramente un debate histórico entre historiadores como en esta lógica actual de revisión podría parecernos. Hasta la historia es una pieza más en el tablero de la estrategia y se mueve más como caballo que como alfil.

Saber la historia qué puede garantizarnos si al fin y al cabo no es más que un continuo diálogo entre el pasado y un presente siempre cambiante. En política los intelectuales suelen cometer quizá más errores que los políticos. Y hasta dudo que un intelectual pueda ser un gran estratega. Como sea, nos hacemos al andar, la política, el saber, lo que somos es puro andar. No hay otra cosa. La historia del mundo resultó no ser lineal y seguramente de esta concepción nos quede el sabor de que los hechos son un encadenamiento necesario de causas que desembocan en determinado fin. No hay nada de esto. 

La historia no se repite ni es científica, ni avanza autoconsciente y siempre que nos da protagonismo nos sienta a jugar en una partida ya empezada y para peor, cuando están a punto de darnos mate. Que quede claro, hay que formarse, conocer la historia pero sin sacar la vista del tablero que al fin y al cabo nadie escribió su primer libro recién cuando llego a ser el mejor escritor!

lunes, 11 de abril de 2011

Sobre "El Flaco", de José Pablo Feinmann

-Che Feinmann sacó un libro sobre Nestor- me dice mi compañera.
-¿Querés que lo compre?-
-Compralo dale y lo leemos el finde-

Me paso por Cúspide que me queda a la vuelta de de la oficina y ahí lo veo entre los libros sobre Nestor de Majul, Maximiliano Montenegro etc. Pensé: bue, por lo menos alguien de los nuestros escribe uno.

Lo ojeo y me doy cuenta que no es el libro "a la Majul", "a la chusma" o en su antípoda, el estilo riguroso académico que le da aires de objetividad, de cosa "en serio" sino un ensayo al más puro estilo Feinmann. Diciendo las cosas que él dice y como él las dice. No es un libro sobre Nestor, ni siquiera es un libro sobre Feinmann y su relación con Nestor. Se trata de un libro de filosofía política.

!Acá estamos en problemas! me dije. La gente quiere leerlo a Nestor. Que el autor nos meta en su cabeza y nos devele todos sus misterios. Quedarnos asombrados con los secretos descubiertos y hasta verla a Cristina en desaville, o en otras palabras: Callate José que quiero escucharlo a Nestor.

Cuando escribimos sobre algo, ese algo no habla por si mismo, ni siquiera a través nuestro, sino que somos nosotros los que hablamos sobre eso y desde nosotros y desde nuestra circunstancia. Una herencia quizá del empirismo inglés la de atribuirle al objeto una propia objetividad.

Estaba en mi hora de almuerzo y ojeaba el libro antes de comprarlo. Feinmann hablaba de la izquierda, "los tres pasos en política", el poder, los pliegos de condiciones... todo eso  en apenas una simple ojeada. Lo llevo!

Es una lástima que muchos van a pasar esto por alto buscando apresuradamente las páginas en las que "habla Nestor". Dicho de otra manera, es un libro para el debate político, en dónde Feinmann y Nestor poco importan o lo hacen en un sentido básico, como la distancia entre la fecha de una batalla en la historia y el hecho histórico con todo su trabajo de elaboración. Se trata más bien de una mirilla abierta a través de la cual podemos ver los engranajes del poder moviéndose. "Voy a tener que hacer cosas que no te van a gustar" le dice Nestor a José Pablo y allí ya no importa ni el uno ni el otro sino la advertencia porque, a partir de allí, entramos al debate político en serio.

miércoles, 6 de abril de 2011

La columna vertebral de la dictadura

¿Se puede establecer una dictadura sangrienta sin el apoyo incondicional  de la prensa? ¿Acaso aquellas editoriales no asesinaban? Chiche Gelblung, Mariano Grondona, los Mitre, Magnetto, Ernestina Herrera de Noble, Joaquín Morales Solá, por nombrar algunos fueron tan criminales como Videla o dicho de otra manera, a la manera peronista, fueron, sin más, la columna vertebral de la dictadura. En los 80's contribuyen a derrocar a Alfonsín y brillan con esplendor con el más grande traidor de la historia del peronismo. Hacen negocios millonarios, se enriquecen con los negociados, presionan, imponen, cohersionan,  diversifican el capital, la ruleta financiera la manejan ellos, siempre cae la pelotita en el rojo Clarín. Por supuesto a ellos no los agarra el corralito ni cobran en Lecops.

Magentto gobierna: ningún presidente le resiste cinco tapas. Compran jueces, lo compran todo, ellos están por sobre la ley. Si pensamos que el poder está en la Rosada pensamos mal. Esta es la concepción del troskaje: el Estado es el poder, desde allí, creen, se lo decide todo. Si el Estado es un leviatán Clarín es un buque ballenero. Uno de los tantos en una enorme flota aglutinada. Los Estados o son presa de la depredación o tratan de moverse esquivando los arponeos. El poder gobierna con la economía, los Estados lo hacen con la política. Recordemos: hace apenas una década eran más importantes los ministros de economía que los presidentes. Cavallo trasciende el menemismo. La economía gobierna, se impone sobre la política y es esta la herramienta de los pueblos. Subordinada esta a la economía, los pueblos pierden su soberanía y la economía los depreda. Gerorge Canning en el siglo XIX ya lo sabía: que tengan su bandera, su escudo, su himno, los dominaremos con el comercio!

"Achicar el Estado es agrandar la Nación" decía una calco de la época de la dictadura que adornaba las lunetas de los autos de la clase media. Cómo llegaba esta calco a una luneta de alguien común y corriente sin la práctica formadora de la columna vertebral del régimen desaparecedor. Régimen es la palabra que utilizan hoy para atacar al Estado, para atacarla a Cristina Fernandez quién no hace más que intentar, porque poner al servicio ya sería utópico en este mundo de hoy, hacer menos brutal a la economía. 

Hoy la columna vertebral del régimen sanguinario del 76-83 levanta las banderas de la democracia y de la libre expresión. Desde sus púlpitos los zocaleros y analistas como Tenembaun y tantos otros se horrorizan con una protesta gremial que tapa una boca de expendio. ¿Pensará Tenembaun que ese suelo en donde se para para arponear al pueblo y su Estado está lleno de cadáveres? ¿Pensará que esas paredes que lo cobijan esconden el aterrador aullido de la tortura? ¿Tanto es lo que le importa la guita a Jorge Lanata para "pasar por alto" esto que él conoce tan bien? Verlos rasgarse las vestiduras por la "democracia", la "libertad de prensa" es de una hipocresia tal que sólo podría compararlo imaginando a Videla acusando a las Madres de Plaza de Mayo de genocidas.

viernes, 1 de abril de 2011

Las Cartas de Carrió

Enviar cartas a las embajadas no es un invento de Elisa Carrió sino, y lamentablemente, se inscribe en lo que podríamos llamar una tradición del antipopulismo. ¿Pero a qué embajadas se mandan cartas? ¿A la embajada de Nigeria, de Uruguay, de Indonesia? No, se manda carta a la metrópoli, a Inglaterra, a EEUU.
 
Qué dicen estas cartas, tomemos un fragmento de una enviada al embajador británico en Río de Janeiro por Carlos Alvear:
"...Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía...".

"...En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tanto males, acogiendo en sus brazos á estas Provincias que obedecerán su Gobierno, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único medio de evitar la destrucción del país..."

¿A qué llama
"anarquía", "destrucción del país" Alvear? Pues bien, a Artigas, caudillo populista si los hubo.

Por supuesto nadie mandó cartas mientras gobernó Mitre, Roca u Onganía pero se imaginan las cartas que debe haber recibido Braden durante el peronismo. Hasta el mismo Braden, embajador norteamericano, encabezaba marchas y protestas gorilas.

Uno podría observar a simple vista que
"la carta" aparece como recurso ante la evidente inferioridad de fuerzas. Mitre no manda carta, sus fuerzas le bastan para el exterminio que emprende pero con Perón o Kirchner o Artigas la cosa cambiaba.

Qué pide la carta. En el caso de Alvear, este prefiere ser colonia británica a que la nación caiga en manos del morochaje artiguista. Lo mismo pasa con Perón, si el ejército lo apoya entonces que intervenga EEUU que al fin y al cabo las cartas decían que Perón era un nazi y si EEUU tenía que encontrar Auschwitzs en Caballito o Floresta los iba a encontrar. Mas o menos como Irak y sus armas químicas. Si no existen se las inventan y si no se las inventan lo hecho, hecho está y a otra cosa, a llenar barriles de crudo o meternos en el FMI en los
50's. 

La posibilidad de la intervención armada estadounidense para derrocar a Perón no es ningún delirio, la amenaza existió.

Qué dicen las cartas de Carrió. No las leímos pero seguramente habla de "tiranía". En el día de ayer el diputado carriotista Fernando Iglesias nos sorprende con su claro apoyo a la intervención de la OTAN en Libia. Ya tiempo atrás había hablado de una "justicia global", claramente este es el tipo de justicia al que se refiere, lisa y llanamente la intervención militar de la potencia hegemónica ante cualquier caso de "tiranía". Aclaremos que toda tiranía tiene que tiranizar un país con recursos que le sean de interés sino la tiranía no molesta y se convive con ella en armonía haciendo buenos negocios.

Qué son estas cartas de Carrió sino el claro justificativo a una intervención. Cualquier sanción a nuestro país encuentra justificativo allí: son los "oprimidos" del "régimen" quienes nos piden ayuda y nosotros somos los adalides de la libertad (de mercado). Clarín hace lo suyo y así todo. Hoy no hay ejército para derrocar a Cristina Fernandez. La opinión pública no es tan dócil como lo era. Así, se vuelve al recurso de siempre: la carta para derrocar a un pueblo.
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