domingo, 12 de junio de 2011

Cuando nosotros nos morimos no vamos a la Rosada

El fetichismo de la Rosada, a la izquierda:

La Rosada, el centro de irradiación, la casa misma del poder, la cúspide, la totalización de la política. Qué fetiche no? Si llegáramos a la Rosada nada nos puede ser imposible.

Quizá parte de los errores garrafales de la izquierda provengan de este extraño fetichismo. "Si se ha llegado ahí y estando ahí nada puede ser imposible, el gobierno no tiene excusa".

Para nosotros la Rosada toma quizá una dimensión más realista, recién allí comienza la política, la verdadera, la que tiene que lidiar con los mosntruos. Agarrarse como se pueda y de donde se pueda para resistir los huracanes. Nuestra Rosada es un fortín sitiado y no hay peor traidor al pueblo que aquellos que se encuadran con estos sitiadores carniceros.

La Rosada ahí, casita al viento con nuestra hermosa compañera resistiendo los embates, tratando de hacer de este horroroso sistema algo menos cruel, de quitarle algo de atrocidad y ahí los otros, los que dicen defender al pueblo abrazados con el monstruo y los otros, a los que la contradicción se les hace carne. No pueden, por principio, por afecto a lo que se es, a “lo que hicieron de uno”. Hay que oponerse, no poner en juego nuestra constitución óntica, aquello que amamos desde chicos, aquello que nos determina. La conciencia tranquila ante todo.

Cuando nosotros nos morimos no vamos a la Rosada

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