lunes, 28 de marzo de 2011

Apoyar a Cristina es mucho más que ganar una elección


Todavía circula la teoría sarmentiana del desarrollo capitalista asociado a la naturaleza genética de ciertas razas. Explicar que la antropología, a partir de los descubrimientos genéticos, ha dejado de lado el concepto de "raza" sería extendernos demasiado pero démoslo como válida la teoría racial como explicación del progreso para dar comienzo al post.

No hay que ser un genio para observar con claridad que la riqueza de la metrópoli vino de la mano del desarrollo industrial. Este proceso tuvo como epicentro Europa y fue en Inglaterra dónde se dio con el mayor grado de desarrollo. El "sajón", dirán, lleva en su naturaleza esta capacidad o cómo se pensaba en el XIX: España es el atraso,Inglaterra el progreso.

Tenemos por tanto dos modelos económicos que se explicaron dada la resultante natural de cada raza. El desarrollo industrial era producto de la "inteligencia congénita" de la raza sajona especialmente y, el modelo agroexportador, producto de la falta de inteligencia de los pueblos hispánicos.


Qué es lo que hizo, por tanto, que el sur de los Estados Unidos se enfrentara al norte por imponer un modelo agroexportador y esclavista si eran tan sajones como los otros? Los biologicistas en aprietos. Al mismo resultado arribamos si fundamos las causas en la "herencia cultural". Pareciera ser, según observa Milcíades Peña, que las circunstancias materiales tienen un papel preponderante en la diferencia de ambos modelos: "En América Latina los españoles –igual que los ingleses en el sur de Estados Unidos- encontraron productos fáciles de explotar en gran escala en el mercado mundial" cosa que no sucedió en el norte de los Estados Unidos. Al que le interese profundizar sobre este análisis puede leer "Antes de Mayo", Milcíades Peña.

La cuestión hasta aquí es que tenemos dos modelos de desarrollo que se enfrentan, el agroexportador por un lado y el industrial por otro. Tenemos que no hay causas genéticas ni de herencias culturales que motoricen el desarrollo industrial. Tenemos, y a esto quería llegar, el núcleo del conflicto de la historia argentina.

Nuestro país no ha logrado todavía superar esta antinomia, cuando se dice con sentido común: "en este país un gobierno deshace lo que el otro hizo y vuelta a empezar" se expresa un síntoma de esto o dicho de otra manera: el modelo que implanta la oligarquía porteña en el siglo XIX y continúa y se expresa hoy en el antikirchnerismo no ha podido llevar prosperidad a todos los sectores y rincones de la patria sino que más bien ha servido para el enriquecimiento de una minoría con la consecuente resistencia, expresada a lo largo de la historia a través de distintos métodos y variada intensidad, de las mayorías populares afectadas por la pobreza, la falta de perspectivas y las continuas crisis.

La explicación racial ha servido para justificarlo y explicarlo todo y especialmente, para naturalizar un modelo que ha tenido que recurrir desde el fraude y la mentira a las matanzas y el exterminio. Nosotros, el gran pueblo argentino, hemos sufrido un proceso de colonización a partir de la revolución de mayo, ya no por parte de una potencia extranjera sino por parte de una elite nativa. Hoy no se trata solo de ganar las elecciones, se trata, además, de ganar nuestra independencia.

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