viernes, 17 de diciembre de 2010

Empanadas fritas

Hacía tiempo que no íbamos a la villa. Nos invitaron a una fiesta. Un solar al que se accede a través de los pasillos típicos. La cadencia fumona de la cumbia, guirnaldas de colores, luces navideñas y empanadas fritas. Enseguida los chicos me rodean y se prueban uno por uno el casco de la moto, mis dos pulgares hacen de manubrio y avanzamos por terrenos irregulares imaginarios hasta el inevitable choque, algarabía general y cambio de piloto. C.  se pierde en un ricón con unas chicas de las cuales dirá luego: cuando hace calor y la humedad se concentra las paraguayas nos sumergen en sus selvas, sus pieles brillan como los ojos de un yaguareté en la vegetación espesa. Son salvajes, nuestra cultura nos ha alejado de toda escancia, nuestros cuerpos nos incomodan. Cierto C., el orgasmo es para nosotros una cuestión médica, para ellas arte, no haber perdido contacto con el ser.

¡Están buenísimas! Le respondo a R que me pregunta por las empanadas mientras su mujer, la cocinera, se acerca y me explica sobre su elaboración. Aprendió a hacerlas ayudando a su madre quien trabajaba en una casa de familia en Entre Ríos. “La carne picada a cuchillo, no como las hacen acá con carne picada o los cordobeses que le meten papa y cualquier cosa”. ¡Y fritas! Agrego aprobando. Claro fritas, me responde mientras me ofrece otra y C. que repostaba vino advierte sobre el “peligro de escasez” al permitírseme estar apostado al pie del papel donde se acumulanban las que iban saliendo.

Lo escuché a C. hablando con un hombre sobre el Indoamericano. Me acerco, el hombre, mayor, con la cara curtida y un claro acento santiagueño le decía a mi amigo: “vacío ‘taba esto hermanito, se fueron tuitos paraiá”. Mientras conversábamos del tema la gente se iba acercando. A todos les interesaba saber nuestra opinión, no respecto de la toma del parque. Acá se sabe cómo fue, una realidad que no tiene mucho que ver con las teorías que fuera de estos barrios se manejaron y dieron pié a cierto macartismo militante. El interés estaba dado por Cristina. Nos preguntaban por Cristina. “¿Cristina es buena?” “Mi hermana dice que hay que votarla a ella”. “¿Da mucho no? Lo de la asignación es bueno”, “ Mi papá trabaja en los planes de vivienda ¿eso lo puso Cristina no?” y mientras conversábamos nos íbamos dando cuenta que para ellos Cristina era lo mismo que Macri o que cualquier político. Acá lo que valía, lo que inclinaba la balanza no eran las ideas sino la guita contante y sonante. “El pueblo ya no es peronista” me dice C., “El pueblo es de quien le pone la teca, no la ponés: De Narvaez y jodete hermano y que sigan los boludos chamuyando”.

Una chica se me acerca y me dice, lamentándose, que ella no se había anotado para lo de la asignación” y creía que ya era tarde. Le digo que no, que podía hacerlo. Muchas escuchaban, al parecer esto interesaba más a las mujeres que a los varones. No se habían anotado y creían que habían perdido la posibilidad. "¿No hay punteros en el barrio? Claro si están todos de fiesta en fiesta" se enojaba C. Más o menos les explicamos como era el tema de la asignación y quedamos en que les averiguaríamos bien los requisitos. Se habló de Nestor, en la villa lo tenían por un buen hombre: “gente sencilla” y a Cristina había que votarla porque “da”.  
Un pibe, que al parecer le molestaba Cristina y optaba por Macri pregunta: Y qué pasa si pierde Cristina. C., con su habitual tacto, responde: ¡empanadas de gato!  

La sonrisa de los bolivianos debe ser de las más francas y  sinceras. A., una vecina de la villa de 36 años me contaba que ella compraba ropa usada, “la que ustedes tiran”, la arreglaba y la vendía, con eso vivían ella y sus tres hijos y solo se le borró su maravillosa sonrisa cuando pensativa dijo: nunca voy a poder salir de acá. Nos quedamos en silencio, sentados en el banco mirando los remolinos de insectos que confundían una lamparita con la luna. “La televisión es como esas lamparitas y nosotros como esos bichos, nos esconden la luna” le digo y me mira. Luego busca un cigarrillo, se lo enciendo, exhala una bocanada y vuelve a mirar los remolinos de bichos, le da otra pitada a su cigarrillo y al rato me dice: y vos como sabes que buscan la luna?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Achicar el Gasto ¿Para qué quieren la guita?

Comencemos por aclarar que todos los países que el establishment llama serios (cualquiera que no sea como nosotros) cuentan con un seguro de desempleo (aparte de planes sociales y subsidios a distintos sectores) que por supuesto, y por ser justamente serios, nadie allí cuestiona. No como acá que al seguro de desempleo lo llamamos: alimentar vagos.

Todo subsidio, y mucho más aquel que va a parar al bolsillo de la gente humilde, nuestro establishment suele llamarlo gasto público. Es decir déficit fiscal y esto vendría a generar una desfinanciamiento del Estado y su consecuente endeudamiento. Para entender esto nos lo explican fácil: imaginemos una familia y su casa. Supongamos que esta familia gasta más de lo que gana, en poco tiempo la familia queda en la calle. Esto es tan racional y lógico que: horror, apocalipsis, miedo, espanto, ¡NO LLEGAMOS A FIN DE AÑO! Un subsidio, un plan, una inyección de dinero al bolsillo lo llamamos gasto. Veamos ahora que pasa si en vez de gasto lo llamamos inversión.

Supongamos que inyectamos dinero en el bolsillo de la gente. Esa gente consume y ese consumo redunda en una reactivación del mercado lo cual trae aparejado aumento del empleo y mayor recaudación impositiva. Al expandirse el mercado se invierte capital, es decir aparece mayor demanda de bienes que para producirlos necesita de trabajadores e infraestructura, al invertir el Estado  en infraestructura no solo produce empleo al requerir esto mano de obra, es decir mayor demanda y consecuente inversión de capitales, sino que garantiza este crecimiento que redunda, como ya dije, en una mayor recaudación. A esto entonces lo llamamos inversión. Esta es la diferencia de modelo económico entre Cavallo y Kirchner, tenemos experiencia en ambas, una termina con la peor crisis de la historia de nuestro país y la otra con crecimiento histórico record año tras año. 

Pero esto ya lo conocemos, la pregunta es ¿para qué insisten con “achicar el gasto” si  el crecimiento se da justamente con lo contrario? Pues bien porque todo el dinero que se inyecta en los bolsillos de gente, en la inversión en obra y subsidios a distintos sectores es una porción más que apetecible para los grandes oligopolios del mercado que buscan canalizarlos hacia sus arcas pero menos plata en el bolsillo de la gente genera menos consumidores lo que causa menos empleo que a su vez redunda en menos recaudación acabando en el endeudamiento externo asfixiante,  el remate de los bienes públicos, la recesión económica y el desempleo y claro, esto al establishment y a los oligopolios trasnacionales le importa muy poco, porque efectivamente, como ya calculaste, salen forrados con tu dinero!

domingo, 12 de diciembre de 2010

El Miedo y la Violencia - Lugano parte II

El siguiente es un comentario que dejó Luz en mi Post El Miedo y la Violencia - Lugano Creo que aporta mucho para entender la situación y reivindica además la militancia barrial cosa que yo no hice y por otra parte denuncia las carencias cosa que tampoco yo hice. A ver si la convencemos para que haga un blog!

Me gustó lo que escribiste, permitime decir algo al respecto.Vivo frente a la villa. Es cierto lo que decís: se escuchan disparos por las noches, vemos como son asaltados los vecinos por jóvenes que, corriendo, cruzan Escalada y se refugian en la villa, sentimos la bronca cuando esos mismos jóvenes, nos arrebatan nuestras pertenencias, sufrimos cuando un amigo es herido porque le quieren robar el auto, o es golpeado; sentimos impotencia cuando desde la ventana vemos como le pegan a algún vecino para llevarse su campera, o le muelen la cara a golpes al muchacho que trae el pedido de pizza; esa misma impotencia cuando a pocos metros tiran al suelo a una maestra para arrebatarle el bolso. He visto desde mi ventana una pelea a tiros entre dos bandas que corrían por nuestras veredas!Todo esto y más lo he vivido y lo vivo.
De más está decir que muchísima gente de la villa trabaja, estudia e intenta llevar su vida lo mejor posible.
Muchos vecinos se han preocupado y se ocupan de los barrios de la zona (Nájera, Castro, Zamoré, Copello), forman comisiones, crean un centro cultural,un club de fútbol para los más chicos,cuidan sus edificios,se solidarizan cuando hay un caso grave, como aquella vez que de un balazo dejaron inválido a un chico del barrio y no dejaron sola a su familia; intentan ser escuchados por los sucesivos gobiernos; elevan notas, pedidos, solicitan más vigilancia policial,intentaron que no se estableciera el polo farmacéutico, tardaron más de treinta años para lograr que se construyera una escuela secundaria. En fin, lo que quiero decir es que, los vecinos no bajan los brazos, pero es desesperanzador sentir que pasan los años y todo va mal, que nadie escucha;creo que por eso,ante la expectativa de que nazca una nueva villa, reaccionan de esa forma; porque que pueden pensar ante esto?, simplemente el aumento de toda la violencia que rige en la zona! Y no tiene que ver con que sean inmigrantes, sino con la realidad concreta de todos los días. Es muy difícil la situación de todos, porque tanto unos como otros necesitan ser escuchados y que se realicen acciones para vivir un poco mejor: vivienda para quienes las necesitan, urbanizaciones, hospitales, escuelas, etc. Y hace rato que nadie responde.

El miedo y la Violencia - Lugano

Por qué los vecinos de Lugano reaccionan con tanta violencia por la ocupación de un parque que ni siquiera usan. Porque al parque lo usa la comunidad boliviana para sus fiestas tradicionales y esparcimiento sano y con sus familias. Por qué nunca salió a desalojar a los vecinos más pobres de la villa 20, la Cildañez o la Ciudad Oculta. Qué es lo que hace que convivan habitualmente con paraguayos, peruanos y bolivianos y de un día para el otro se conviertan en hordas de las SS. 

Pues bien no son los dichos de Macri, nadie asesina a otro por una frase que escuchó una vez en la TV. Y sí, créanme, vivo en Lugano, a los vecinos les importa muy poco el Parque Indoamericano  (y ni siquiera muy poco, les importa nada) ¿por qué matar por algo que no les interesa? Probemos con las otras razones: es injusto que les regalen tierras a los otros y no a nosotros. Es injusto que alguien que no paga impuestos pretenda beneficios que nosotros no tenemos. ¿Si a nosotros nos cuesta tanto vivir por qué los otros se la llevan de arriba? ¿Qué derecho tienen para exigir? ¿Por qué un extranjero tiene beneficios que nosotros no tenemos? 

Estas no son frases del barrio, llegan importadas de los barrios con mayor suerte. Se las usa, se las dice porque hay que decirlas, porque son racionales pero la gente del barrio no mata por ellas. Es más,  la frase que más se dijo en el barrio estos días, lo que contradice a las anteriores, es: por qué no les dan tierras en Plaza Francia, en Palermo, Caballito o Puerto Madero. Si se las dieran en los barrios lindos estarían más que contentos e incluso apoyarían la toma de terrenos. El habitante de Lugano no es nazi ni tampoco le importa mucho quién paga o quién no paga impuestos. Entonces se estarán preguntando cómo es posible que reacciones con una furia criminal ante la ocupación de un terreno que ni siquiera les importa. Pues bien: lo hacen por miedo. 

Y no se trata de un miedo a lo desconocido más bien es un miedo a lo conocido y el temor es tan grande que se transforma en una furia desesperada. La lógica de esos ataques es de vida o muerte:  “es mi vida o la de ellos”. Seguramente pensarán que exagero, que no existen lugares tan terribles en donde una lógica semejante aflore pues bien, existen. Puedo proponerles un ejercicio simple para comenzar a entender la cuestión: Salgan como salen un fin de semana y tómense un taxi pero en vez de volver a sus casas díganle que el destino es el barrio Piedrabuena, la intersección de la Av Escalada y la autopista Richieri, las “casitas” de Lugano I y II, los monoblocks de Soldati. Imaginen a sus hijos que salieron y mientras intentan dormir escuchan el tableteo de los disparos atravesando la noche. 

Piensen cómo sería escuchar un grito desesperado de ayuda y no poder hacer nada. En la televisión muestran lo que hace el paco, imagínenlo tan cotidiano como el pan en una panadería, imaginen a las chicos de 7, 8, 9 años prostituidos y los horrores cotidianos que causa. Imaginen el infierno que es vivir dentro de las villas porque la gente de las villas lo padece con mucha mayor crueldad. Ahora estamos apenas en el barrio pero tomamos otra dimensión, ya no es la charla cómoda, la evaluación política sentados en la tranquilidad. Hagamos ahora otro ejercicio: multipliquen ese miedo por 120 hectáreas. Aquí estamos entrando en el problema. El miedo es tan grande que se transforma en desesperación y en un barrio olvidado, donde a la gente se la ha arrojado, cuya cotidianidad es la injusticia, la necesidad, la ignominia no puede surgir otra cosa que la violencia.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Apuntes Sobre la Muerte


Para que haya una muerte tiene que haber habido una vida, la muerte que nos indigna es la injusta y es injusta porque trunca una vida, una inmanencia de posibilidad. Cuando se mata a un chico como Axel Blumberg se ha truncado una vida, cuando se mata a un excluido, al que habita en los basurales de este mundo no es noticia porque no se ha matado, hay gente que viene al mundo sin futuro, sin vida que truncar, ya nace muerto. Dicen en los noticieros: era un buen chico, tenía un gran futuro o tenía dos hijos o era una gran persona. Las que indignan son las muertes de los que tienen vida y la vida no es más que posibilidad, no hay vida sin posibilidad y no hay indignación ante la muerte de quién no tiene posibilidad.
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