jueves, 11 de noviembre de 2010

Una hipótesis sobre la dimensión real del poder comunicacional

Desde finales de los 40’s el gobierno peronista controlaba la prensa. Muchos diarios opositores fueron confiscados y otros clausurados. El control sobre la prensa y los medios en general era casi total. Sin embargo en el 55 cae con el enorme apoyo de grandes sectores de la clase media, la izquierda, radicales, el estudiantado, la oligarquía y todo el gorilaje de ese tiempo que no sólo manejaba aviones y tanques. Quiero decir, la revolución libertadora, no se trató de una pequeña oligarquía terrateniente aislada  que derroca a Perón. Sí la prensa era peronista y la contra estaba silenciada por qué no funcionó el famoso: “los medios moldean las subjetividades” por lo menos en la clase media. Sí la gente “no piensa” y “es pensada” ¿cómo se explica esta adhesión a un discurso que no se oía? Si el poder mediático fuera absoluto ¿qué hacemos apropiándonos del discurso del gobierno de Cristina Fernández? Bueno, me podrán decir que aparece una grieta por donde otro discurso se filtra haciéndose cada vez más caudaloso hasta imponerse. Pero yo no creo que todas las subjetividades sean vírgenes, arreadas por los cayados discursivos ni los pueblos absolutamente inocentes de su destino. 


Algo, dentro de esa subjetividad ¡elige! Decide adherir a uno u otro discurso o no comprar el hegemónico. ¿Qué es lo que hace que una clase abrace un discurso contrario a sus propios intereses? Con esta pregunta nos damos cuenta que la racionalidad no aplica, se trata más bien de aspectos psicológicos, emotivos, afectivos. La ideología es afectiva, no racional y el capitalismo con su imagen de éxito nos muestra ese éxito en la diferencia. Si todos fuésemos iguales nadie sería más inteligente o exitoso que otro. Si los pobres se me acercan yo pierdo capital social, en términos psicológicos soy menos, no más como me gustaría ser. La meta es el éxito y la imagen del éxito es la de los ricos y poderosos. Se establece una contradicción entre el interés racional que se materializa en el aspecto económico y el del capital social, que no es otra cosa que mirarnos en el espejo y sentirnos que somos lo que no somos. Pareciera primar este último al primero produciendo una escisión  entre la realidad política y el sujeto.  


El poder comunicacional es formidable pero no es absoluto. No actúa sobre una conciencia virgen sino más bien en una retroalimentación entre el sujeto y el discurso que se unifica en una construcción determinada de la realidad acorde a lo que el sujeto ya, por lo menos difusamente, creía.

6 comentarios:

Escribidor dijo...

Es muy bueno el análisis y lo comparto.

Un abrazo!

Alberto Sladogna dijo...

Comparto el horizonte abierto por tu texto, quizás si te parece te doy a leer un texto sobre el cual podemos dialogar. El texto está en esta dirección o link:Una pastoral recibida con besos http://t.co/HblfOrt
Un saludo cordial

Anónimo dijo...

Impresionante análisis, lo que el compañero pone en juego es la responsabilidad del sujeto que elige. Si bien no es desconsiderable la influencia mediática, nunca la estructura es cerrada. Simpre hay momentos de fuga. ACONTECIMIENTOS. el poder es reticular, no piramidal

gracias

Markarita en twitter
Margarita Costa en facebook

DIEGO D dijo...

Bueno llegué de casualidad acá, por tu twitter (soy el usuario @ddipierro).

Está bueno el análisis, aunque le agregaría esto: si bien los públicos ya tienen una determinada construcción propia de "la realidad" (sesgada, limitada y orientada por definición), el GRAN poder mediático está en esa retroalimentación que describís al final.

Un discurso, creo, se vuelve exitoso o pregnante cuando, partiendo de ese imaginario subjetivo del "mundo real" logra colonizar sutil o mínimamente algún aspecto de esa subjetividad (debo estar escuchando bastante a JP Feinmann). Una vez que empezó esa colonización, y si se mantiene cierta innovación y un contrato de lectura consistente, el alocutario se vuelve un poco más cautivo de ese discurso mediático.

Saludos,
Diego

profquesada dijo...

Los discursos no solo responden a una forma de ver y ordenar la realidad sino que, a un nivel más básico, expresan intereses políticos y económicos muy concretos. Estos discursos se cruzan e intentan imponerse unos sobre otros en los conflictos sociales. No solo pertenecen y/o circulan a/en los medios masivos de comunicación, también lo hacen en los bares, en la facu, en los trabajos, en el taxi, etc. En todos los ámbitos de socialización. Los individuos son, como suponía Sartre, en esencia Libres, pero esa libertad pueden o no ejercerla y no siempre, ni siquiera con frecuencia lo hacen.
Lo que parece suceder es que hay momentos muy particulares y sorprendentes en los que ciertos discursos se convierten en sospechosos y mucha gente, como en una avalancha contagiosa, pasa a ejercer su libertad y, casi siempre opta por el discurso antes demonizado, que es el que más se le opone. Ocurrió en ocasión de los festejos del bicentenario, ocurrió con la muerte de Néstor Kirchner. Luego vendrán los encuestadores a decirnos que sus datos ya se lo decían.
Muy buen Blog. un abrazo

Indio dijo...

Jorge le agradezco mucho el comentario. Me deja pensando en esos momentos particulares y sorprendentes. A veces, me gusta pensar, la poesía explica más que todos los modelos que construimos para tratar de explicar los movimientos de la historia que al final, siempre nos está sorprendiendo o se sale por el lado que menos esperamos. Quizá, justamente, sea esa libertad que al ejercerse rebalse cualquier marco.

Abrazo

Related Posts with Thumbnails